Pacientes, tomemos el timón

Una de las dificultades con las que nos encontramos las personas que hemos tenido cáncer es recuperar nuestra vida una vez superada la “fase aguda” de la enfermedad.

¿Cómo retomo mi vida donde la dejé? ¿Cómo recupero mis sueños, y mis ganas de vivir? ¿Cómo salgo a la calle?

La quimio y el tratamiento en general nos dejan cansados, inseguros, a veces tristes y desconectados. Se habla de ese sentimiento de soledad que te invade cuando estás fuera de peligro y las llamadas cesan. A tu alrededor opinan acerca de lo que te conviene, de lo que puedes hacer para animarte. Y uno no sabe hacia dónde mirar ni qué creerse.

OlaTe dicen, busca un grupo de apoyo con quien compartir tu situación porque nadie mejor que ellos te comprenderán. Y es cierto. También te recomiendan que vayas poco a poco, que te des espacio, y tiempo…

De alguna manera, esas palabras que nos dice la gente que nos quiere, o los expertos, con toda la buena intención, resulta condescendiente. Nuestro entorno nos sobreprotege porque somos/estamos vulnerables y el mundo se vuelve paternalista.

Y los pacientes nos dejamos llevar por los que saben, y al hacerlo, alimentamos un poco más sin nosotros quererlo esa inseguridad. Porque miramos a otros para que nos den las respuestas y soluciones que sólo podremos encontrar en nosotros mismos.

Decía una paciente ayer en una charla: “todo el mundo me dice cosas, y yo, a quién escucho, a quién hago caso?”. No pude callarme: “A ti”.

Somos nosotros, pacientes y personas, quienes más nos podemos ayudar. Es nuestra intención, nuestro deseo de tomar las riendas y decidir por nosotros el motor que guiará todo lo demás y nos mostrará el camino. Las herramientas para reconectar con quiénes somos son variadas: coaching, meditación, yoga, paseos por la playa, terapia de grupo…

Sea la que sea la manera de hacerlo, lo importante es llegar a ese centro que es uno mismo para tomar el timón y sentir que la vida es nuestra y podemos lograr maravillas con ella. Sin prisas, sin obligación, sin presión. Con cariño y compasión, y también con un propósito.